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13 noviembre, 2011

"El sapo Benshu" - Letra

Yo tengo un sapo que se llama Benshu,
que come y come por todo el jardín.
No tiene pene y tiene altos cuernos...
son muy largos y no tienen fin.

Le digo Benshu veni y él come, come...
Benshu tomá y el come, come...
Benshu pará y el come, come...
Vas a engordar, vas a engordar.

Le digo Benshu veni y él come, come...
Benshu tomá y el come, come...
Benshu pará y el come, come...
Vas a engordar, vas a engordar.

Y cuando llueve come muchos mocos,
y vive en twitter como un boludín.
No tiene pene y tiene altos cuernos,
son muy largos y no tienen fin.

Le digo Benshu veni y él come, come...
Benshu tomá y el come, come...
Benshu pará y el come, come...
vas a engordar, vas a engordar.

Le digo Benshu veni y él come, come...
Benshu tomá y el come, come...
Benshu pará y el come, come...
vas a engordar, vas a engordar.

09 noviembre, 2011

"Como corresponde"

Cuando se trata de amor, solo debes jugártela...





Enamorada de tu cuñado, que bien eh. Hay que admitir que tenes la justificación perfecta yo lo vi primera, yo lo besé primera, yo me acosté con él primera, yo me enamoré primera... Y en realidad tenes razón cuando lo decís; tu hermana -por parte de padre, unos meses más grande que vos- te cagó, vos "la perdonaste" pero en realidad nada era como antes, y a él jamas lo olvidaste.

Te levantaste temprano; estabas en enero y aprovechabas a full poder dormir hasta tarde, pero hoy tu mejor amiga haría una fiesta donde había muchos invitados, entre ellos él y tu hermana.
Shopping fue lo primero que dijiste al despertarte. Todavía no sabías lo que te pondrías.
Una hora después, estabas cerrando la puerta de tu departamento; amabas salir de shopping sola. Te subiste al auto y condujiste hasta tu destino.
Recorriste todo se podría decir, y te terminaste comprando un vestido corto y al cuerpo color coral, con un par de zapatos negros.
Entre las doce y media y una recibiste un llamado de tu mamá invitándote a almorzar, aceptaste y al cabo de veinte minutos te encontrabas tocando el timbre de esa gran casa.

- ¡Hola! - dijo tu hermana después de verte parada del otro lado de la puerta.
- Hola... - le diste un beso en la mejilla, dejaste tu bolso arriba del sillón y buscaste en la cocina a tu mamá. - Hola má.
- Hola hija, ¿como estás? - besó tu frente al tiempo que abría una de las puertas de la alacena.
- Todo tranqui, ¿vos?
- Muy bien. - tu alegría constante la habías heredado de ella seguro. - ¿Qué te compraste al final?
- Un vestido re lindo y unos zapatos. Después te muestro. - ella sonrío y pudiste ver a tu ex novio y no ex cuñado, entrando a la cocina.
- Hola. - dijo mientras besaba tu mejilla. Mucho no hablaban, la situación no daba. - Majo, ¿todo bien? - besó la mejilla de tu madre.
- Todo bien Peter, ¿vos?
- Tranqui... bueno, las dejo que sigan con su charla.

Él se fue y vos te quedaste mirando la puerta como si todavía lo vieses.

- ¿Qué hace acá?
- Nada, lo invitó tu hermana.
- Ah.
- ¿Qué pasa? - te miró y vos bajaste la mirada. - ¡No me vas a decir que...!
- No mamá, no.
- A mi no eh, mirá que yo fui la que te tuve nueve meses en la panza ¿sabés?
- Es que pensas cualquiera...
- Vamos Lali, acepta las cosas como son. Se nota a kilómetros que no se aman ellos dos...
- Mamá, por favor no te metas. No quiero terminar peleada con Martina... ya es mucho con que apenas crucemos dos palabras cada vez que nos vemos.

El tema se dió por finalizado y siguieron hablando de otras cosas. Al rato se encontraban los cinco - tu mamá, tu papá, tu hermana, tu ex y vos - almorzando en el quincho.

- ¿Hoy vas a la fiesta de Euge? - te preguntó tu media hermana, a lo que vos le respondiste asintiendo con la cabeza sin siquiera mirarla. - ¿Estás de mal humor hoy?
- No, ¿por? - le sonreíste bien falsa.
- Comunicaselo a tu cara entonces gorda.
- No empiecen. - dijo tu padre y vos te quedaste callada, tu hermana no.
- ¿No empiecen? Ella es la que se pone así porque no me puede ver feliz con mi novio, no soporta saber que la dejó por mi. - la miraste extremadamente mal y te paraste de la silla.
- ¿No ves que sos una estúpida? Metete con los tuyos y a mi no me jodas más flaca. ¡Me hartaste!

Te retiraste del quincho y te dirigiste a la habitación de tus padres. Te acostaste en la cama y dejaste que tus lágrimas cayeran, no la soportabas más. Y lo mejor de todo es que tenía razón, no aguantabas saber que te dejó por ella y que te cagó con ella. Lo seguías amando igual o más que antes. Odiabas a tu hermana desde el día en que muy falsamente te pedía perdón por haberse "enamorado" de tu novio.
Sentiste como abrían la puerta del cuarto lentamente. No te diste vuelta. Sentiste como el colchón se hundía, pero tampoco te diste vuelta.

- No llores hija.
- No la aguanto más mamá, ¿qué mierda se mete en mi vida? - te sentaste en la cama mirándola. - ¡Jamás la jodí! Es más, me cagó a mi novio sabiendo todo lo que lo amaba y la perdoné, me hice la boluda como si no hubiese pasado nada. Jamás me metí en su relación con él, ella sola me mete... Pero siempre me hace quedar mal parada a mi.
- No le tenes que dar bola Lali. Hace la tuya y listo.
- Pero mamá, ¡no entendés! Vos no sabés el esfuerzo que yo hago para no llorar cuando los veo juntos. Sigo amándolo igual que siempre y sin embargo me hago la boluda que no pasa nada. No doy más mamá. Y lo peor es que me la voy a tener que comer por siempre, porque él ya ni me registra.
- Lo último lo dudaría un poco yo.
- ¿Por qué lo decis?
- Simplemente por como te mira.
- ¿Y como me mira?
- Ay Lali, Lali. Vos espera, solo eso. Todo se va a dar como y cuando se tenga que dar.

Salieron las dos de la habitación, ella volvió al quincho y vos te dirigiste al baño a lavarte la cara.
Pasaste la tarde tomando sol en la casa de tus padres. Se hizo la nochecita y vos volviste a tu departamento a producirte. Diez y media en casa, recordaste el mensaje de tu amiga, tenes que ser la primera en llegar.

- Holis, ¡ay, pero qué diosa que estas! - te dijo mientras besaba tu mejilla.
- Vos no te quedas atrás amiga.

Al rato la casa estaba repleta de gente, la fiesta era en el patio pero había alguna que otra persona adentro.
Te querías divertir con tus amigos, bailabas con Agustín y tomaban los dos a la par. En un momento te dirigiste al baño, necesitabas un espejo urgente. Subiste distraída la escalera y no notaste la presencia de Peter en el pasillo. Entraste al baño, te retocaste un poco el maquillaje, te acomodaste el pelo y saliste. Una boca choco con la tuya, la reconociste al toque. Te sentiste demasiado confundida pero no hiciste más que seguir aquel beso que de a poco fue pasando a mayores. Caminaron sin despegar su labios hasta la primer habitación que encontraron, él trabó la puerta y vos aprovechaste para hablarle.

- ¿Que estamos haciendo?
- ¿Besandonos?
- No puedo hacerle esto a Martina, es mi hermana.

Pero él hizo oídos sordos y volvió a besarte. Te amo te dijo pero vos decidiste no contestarle, pensaste qué por ahí lo había dicho debido a las copitas de más que llevaba su cuerpo. De a poco fue llevando su mano al cierre de tu vestido y lo fue deslizando. Minutos más tarde se encontraban los dos haciendo el amor, disfrutándose, como hacía tiempo no lo hacían.

Tres semanas después...

Tocaron el timbre de tu departamento, supiste que era Eugenia. Le habías pedido por favor que vaya, que necesitabas hablar algo importante con ella.
Calentaste agua, y a los cinco minutos se encontraban las dos tomando mates en el living-comedor.

- ¿Qué me tenías que decir La? - preguntó mientras mordía una galletita.
- No me vino Euge.
- ¿Y?
- ¡Boluda! Tengo un atraso de una semana y media, a tra so.
- ¡Pero si no estuviste con nadie Lali! Descarta la posibilidad de un embarazo.
- Perdón por no haberte contado, pero ¿viste el día que hiciste la fiesta? - asintió. - Bueno, emm, me... estuve con Peter. - y por poco los ojos no se le salen de la cara.
- ¿Me estás jodiendo?
- No.
- Forra, gracias por contarme, soy tu mejor amiga, me tenes que contar todo ¿sabías? Idiota, tonta, mala... - la interrumpiste.
- ¡Bueno Euge! Listo, ya te pedí perdón... volvamos al tema. Me tendría que haber venido el cinco y estamos a trece.
- ¡Pará! ¿Cagaste a tu hermana? Y encima no se cuidaron y ahora van a tener un hijo... ah no, pero vos sos súper inteligente.
- ¡Eugenia! No digas así, nos cuidamos... creo.
- ¿Qué voy a hacer con vos Lalita? Pero bueno, por lo menos si estás embarazada el hijo es de Peter y no de un ciruja.
- Deja de hablar pavadas, ¿me acompañas a comprarme el test?
- Si... ah, pará, pará nena. ¿Te lo garchaste en mi cama? - y levantó una ceja esperando tu respuesta.
- Mejor vamos que va a cerrar.
- ¡Hija de puta! Y yo dormí ahí... que cochina.

Se dirigieron a la farmacia más cercana a tu departamento y compraron el test, tuviste que aguantar todo el camino los reproches de tu amiga por haberte acostado con tu ex en su cama. Pero igualmente te divertía escucharla protestar.

Cuatro días después...

Estabas nerviosa, no veías a Peter desde aquella noche en lo de Eugenia. Hoy lo verías, tu mamá te había invitado a cenar y por supuesto que aceptaste. Y como siempre, Martina para hacerte poner incomoda a vos, lo invitaría a él.

- Hola pá. - dijiste cuando viste que fue él quien te abrió la puerta.

Saludaste a todos los que se encontraban en aquella casa - mamá, papá, hermana, Peter, abuela, abuelo, prima, novio de tu prima - y te dispusiste a ayudar a tu mamá con las ensaladas. Un rato más tarde se encontraban todos sentados al rededor de la mesa comiendo un rico asado.
Once y media se sirvió el postre, a las doce y media se retiraron tu prima con su novio y tus abuelos, y para la una te encontrabas camino a la habitación de tu hermana, te había pedido de hablar.

- Dale Martina, ya estamos acá ¿qué pasa?
- ¡A vos que te pasa! ¿Qué mierda le tenes que mandar mensajes a mi novio - remarcando el mi. - pidiendole de hablar? ¿Quién te crees que sos?
- ¿Tanto desconfias de él que no te bancas que hable conmigo? Cosa mia lo que quiero hablar.
- Mirá Mariana... si pensás que va a volver con vos, estás totalmente equivocada. Él me ama a mi, que te quede bien clarito ¿escuchaste?
- Si, escuché. Igual, no sé, yo no estaría tan segura de que "te ama"... - te aseguraste de marcar bien las comillas con tus manos. - ¿Era eso solo? ¿Ya me puedo ir? - te agarrá del brazo fuertemente. - ¡Para loca! Me haces mal. - pudiste soltarte.
- Dale, si tenes que decirme algo decimelo ahora... hablá.
- Yo no te tengo que decir nada... mejor que te lo cuente él. - amagaste para irte pero ella fue más rápida y volvió a tomarte por el brazo. - ¿Sabes qué? Me tenes harta... ¿En serio querés que te lo diga? Si, me acosté con tu novio... ¿Querés saber detalles o algo?

Y en un abrir y cerrar de ojos cinco dedos y una palma chocaron fuertemente contra tu cachete dejándolo un tanto rojo.

- ¿Sos idiota? Vos me pediste que te diga, y bueno, te dije. - hiciste una pausa y continuaste. - Ah, y tengo otra cosa más si queres saber... Si Martu, - delirar era lo que mejor te salía. - vas a ser tía.

Por primera vez en tu vida pudiste reirte en su cara como ella lo hizo durante mucho tiempo con vos. Te sentiste victoriosa.

Tres años después...

Te despertaste con la imagen más linda del mundo, con tus dos amores y un desayuno gigante al lado.
Feliz cumpe ma, y no hiciste más que sonreír y comerte a besos a ese nene de dos años y algunos meses. Claro que después tocó el turno de comerse a besos al mayor, aunque con la noche que habían pasado estaban más que satisfechos.

- ¡Lautaro no corras! - le gritaste a tu hijo, mientras te sentabas en un banco, cuando lo viste salir corriendo con todo para el arenero de aquella plaza donde se encontraban.
- Dejalo que se divierta.
- Pero me da miedo que corra, es una bestia. Cualquier día se da un palo bárbaro.
- Relax - reíste y lo abrazaste por la cintura.
- Te amo, no sabés lo feliz que soy con vos. Me diste al hijo más lindo del mundo. Te agradezco que no te hayas cuidado aquella noche... - él largo la carcajada y vos lo imitaste. - En serio, soy completamente feliz. Mi corazón les pertenece a ustedes, a nadie más.
- Yo también soy completamente feliz, vos y Lauti son lo más importante que tengo. Los amo con todo lo que soy y como más puedo. - sonreíste tontamente y lo besaste.
- ¡Mamá! - te volteaste a verlo y venía corriendo otra vez, suspiraste y él río suavemente.
- ¿Qué pasa?
- Quielo un helaro.

Peter lo agarró a upa, y caminaron los tres juntos hacia la heladería.

Desde el día que me enteré que estaba embarazada decidí jugarmela por todo lo que realmente quería. 
Ya no me importa lo que diga o piense  el resto, soy yo misma y lo único que deseo es que ésta felicidad que hoy siento jamás se corte...

08 noviembre, 2011

"Aprendí que nuestro amor es inmortal"

El amor va más allá de todo; el amor verdadero nunca muere.


Me levanté pensando en ella como todas las mañanas. Pero no me levante feliz, me levante triste como lo venía haciendo desde hace unos meses... los peores meses de mi vida. Enterarme que la mujer que más amo en el mundo tenía cáncer y demasiado avanzado fue un golpe duro, muy duro.
Verla acostada al lado mio tan débil pero fuerte a la vez me provocaba algo que no sabría definirlo. Yo la observaba detenidamente y me enamoraba todavía más, ella de a poco fue abriendo sus ojos negros tan alegres, pero ahora tan tristes.

- ¡Buen día! ¿Cómo dormiste? - le pregunté con una sonrisa.
- Bien mi amor... me duele un poco el cuerpo, estoy muy cansada. - y trate de que no se me vaya la sonrisa pero se me hizo algo imposible.
- ¿Querés que te traiga el desayuno acá?
- Bueno, gracias.

Le deje un beso en la boca, otro en la frente y ni bien pasé la puerta de la pieza pude sentir como una lagrima salia de mis ojos, se deslizaba suave y lentamente por el costado de mi nariz y la comisura de los labios hasta caer en el piso. No podía verla asi, no le podía pasar justo a ella. Todo una vida por vivir con tan solo veintitrés años. Cada noche rezaba por ella, por que se recupere.
Preparé el desayuno y cuando estaba por llevárselo sentí un llanto proveniente de la habitación de al lado, Luisina se despertó dije por dentro. Le llevé la bandeja a mi amor y fui en busca de mi otro amor, mi nena, mi hija, nuestra hija.

- Hola hermosa. - le dije a aquella bebé de tes blanca y pelo castaño de apenas unos nueve meses mientras la aupaba. - ¿Vamos con mamá? - ella solo sonreía.

Caminé junto a ella hasta la habitación nuestra y la sente al lado de su mamá, arriba del colchón. Yo me fui a prepararle la mamadera.
Cuando volví las encontre igual a cuando me había ido, a diferencia que Mariana había dejado la bandeja en la mesita de luz y se había acostado de espaldas a la puerta mirando a Luli, yo no podía verle la cara a la mayor.

- A ver Lu... ¿Vamos a tomar la mema? - claro que ella jamás me contestaría, apenas se reía.

Me senté en el colchón y la senté a upa mio mientras Lali le sostenía la mamadera. Mientras la más chica se alimentaba nosotros la mirabamos, sonreíamos, e intercambiabamos alguna que otra palabra.
Luli terminó la leche y la lleve a la cocina, la senté en su silla y le prendí el televisor, amaba ver dibujitos. Era increíble como se concentraba siendo tan chiquita. Reía como loca.
Volví a la habitación y cuando me recosté en la cama pude ver como Lali lloraba. Yo me puse peor de lo que ya estaba.

- ¿Qué pasa gorda? - le pregunté mientras tomaba su mano por debajo de las sábanas.
- Nada, lo mismo de siempre. Me pone mal saber que los puedo abandonar en cualquier momento, los amo con todo lo que soy... ¿Sabés? siempre soñé con formar la familia que hoy tengo, y con vos. No sabes lo feo que es saber que quizás mañana ya no me despierte. No sabes lo feo que es saber que me puedo ir dejando a una nena tan chiquita sin mamá... y dejarte a vos solo con ella. - y está demás decir que a esa altura yo lloraba como ninguno. Ella se sentó y siguió hablando. - Yo pongo todas mis fuerzas, mis ganas, mi voluntad. Pero a veces no es suficiente, a veces no puedo. Siento que me voy a morir en cualquier momento...
- No pienses en eso mi amor, por favor. Sos muy joven, tenes mucho por vivir todavía. Disfrutanos, disfrutate vos también.
- Es dificil Peter. Trato de hacerlo todos los días, pero hay veces que no puedo levantarme de la cama del dolor que siento. Y no dolor físico, dolor en el alma es lo que siento, que es el peor de los dolores... - ninguno paraba de llorar. - Y todos los días me preguntó por qué a mi. Por qué. ¡No puedo dejar a Luisina, no puedo! Pude cumplir mi sueño de formar una familia, pero ¿por qué no hasta el final? Te amo, los amo. No quiero morirme ni mañana, ni pasado, ni en un mes, ni en diez años. Quiero llegar a viejita y con vos, quiero seguir agrandando la familia, quiero el día de mañana tener nietos, ¿Por qué a mi Peter? ¿Por qué?
- Nadie lo sabe mi amor, no bajes los brazos jamás. Si pudiste cumplir tu sueño de formar una familia, ¿por qué no vas a poder cumplir el sueño de que sea hasta el final? no pares, que vamos a salir juntos de todo esto. Te amo como a nadie.

Y ninguno pudo seguir hablando, se abalanzó hacia mi llorando aún más y con la respiración entre cortada. Me susurró como pudo un te amo y nos quedamos acostados haciendonos mimos ya calmados los dos.

- ¿No tenes ganas de salir a pasear? - le pregunté mientras acariciaba su cabeza.
- Mmm, si. ¿Y a dónde vamos a ir?
- No sé, ¿A donde queres ir?
- Me da igual, con tal de estar con ustedes voy a donde sea. - me sonrío y claro que yo le devolví la sonrisa.
- Voy a ver que hace Luli, cambiate asi vamos a almorzar a algun lugar.

Deje un beso en su frente y me retiré dejandola sola.

- Hola bebé, te dejamos solita me parece. - ella me estiró los bracitos y yo la agarré a upa. - ¿Vamos a ponernos linda asi vamos a comer los tres juntos a algun lugar? Bueno, mejor esperemos a mamá que ellas sabe que ponerte. - reí al ver la cara de no entender nada de Luli y le deje un besito en su nariz.

La senté en el sillón del living y yo me senté a su lado esperando a Lali. Al ratito salió de la habitación hermosa como siempre, con su pañuelo en la cabeza como usaba desde hacía un tiempo debido a la caída del cabello que provocaban las quimioterapias. Tomó a Lu en sus brazos y despues de dedicarme una sonrisa sincera se retiró, o retiraron, de la sala.

- Listo, ya estamos...
- Ay pero que hermosas, una más linda que la otra. - ella me sonrío y yo bese su boca.
- Te amo, gracias por todo.
- Yo te amo a vos.

Otro beso en su boca y uno en la cabeza de Luisina. Busqué el coche de la última, y caminamos hacia el auto. Al cabo de veinte minutos nos encontrabamos los tres sentados en un restaurante pidiendo la comida.

- Mm, está riquisimo. No sabía de este lugar Pitt.
- Me lo recomendó mi vieja. - reimos y volteamos a mirar a Luli, habló pensé por dentro.
- ¿Qué dijiste gordita? - pero la mas chica no le dio bola y siguió jugando con su comida. - Me muero gordo... ¿Habló o estoy loca? - me preguntó divertida.
- Habló o somos dos los locos.

Reimos y seguimos comiendo al tiempo que no dejabamos de hablarle a Lu para que ella vuelva a repetir esa palabrita que había dicho. Mamá.
La noche llegó, yo me encontraba en la habitación de mi hija haciendola dormir. Lali estaba en nuestro cuarto acostada.

- ¿Se durmió? - me preguntó cuando me vió entrar a la pieza. Yo asentí. - Dale, vení acostate que tengo frío.
- Ya, ya voy.

Me desvestí quedando solo en bóxer como solía dormir siempre, y me acosté junto a la mujer de mi vida.
Esa noche quedamos intensamente dormidos después de haber hecho el amor.

Tres meses después Lali había empeorado bastante, ya casi no tenía pelo, sus ojeras no desaparecían ni un segundo de su rostro, su ánimo era cada vez peor. Pero ella jamás dejaba de luchar, jamás. Yo no se lo permití en ningun momento.
Pero aquella noche no la olvido más. La peor noche de mi vida.
Ella no podía irse con tan solo veintitrés años, no nos podía abandonar. Pero asi lo hizo. Dios lo quiso así y por algo será, dicen.
Ella se había ido... ¿como iba a seguir yo? Creo que decidí no irme con ella solo por Luisina, pensé en ella; me imaginé que sería de su vida sin una mamá y entonces entendí que sin los dos sería peor. Solo por ella seguí.


Hoy, después de tantos años de su muerte, la recuerdo como si la hubiera visto ayer. 
Todas las noches la lloro, y pienso por qué le tocó a ella. Pienso que sería de nosotros si ella estuviese acá. Sé que de algún lado nos está cuidando... tanto a mi, como a Luisina. Tanto a nosotros dos como a Joaquín y Mariana, nuestros nietos.

Luisina... de chica siempre me pedía que le hable de su mamá, le brillaban los ojos cada vez que lo hacía, aunque actualmente tambien. Dormía abrazada a fotos de Mariana. Admira a su madre sin siquiera acordarse de ella. Por fuera igual a mi, y por dentro tan igual a su mamá. Alegre, siempre sonriendo, disfrutando cada segundo de su vida como también lo hizo ella.
Sé que está orgullosa de la familia que formó su hija. Sé que arriba me está esperando para cuando me toque partir a mi. La amé, la amo, y siempre lo haré.

No estás físicamente acá conmigo, pero sé que pronto nos volveremos a ver. Te amo, Peter.

07 noviembre, 2011

"A la larga o a la corta nos llega la felicidad"

En la vida todos tenemos como meta la felicidad.
 No dejes de buscarla, la encontrarás. 



¿Embarazada? ¿Yo? No puede ser, embarazada y de una persona con la cual sufro y soy feliz a la vez. De una persona drogadicta de la cual me puedo esperar desde un beso y un abrazo hasta un golpe, si. Una persona que no le importa absolutamente nada, ni siquiera su propia vida. ¿Que voy a hacer con un bebé a los quince años?¿Cómo lo tomará él? ¿Le digo? Si, tiene todo el derecho de saberlo. ¿Qué le digo a mis viejos? ¿Y a mi hermano? ¿Me pediran el aborto? No, yo jamás haría eso. Puedo ser chica, pero abortar no. Pase lo que pase, pienso seguir sola si es lo que me toca...

Mis lagrimas empezaron a caer de a poquito y cada vez más fuerte. Sola en mi casa, sentada en el piso del baño con el test de embarazo en la mano indicando que había dado positivo, llorando con todas mis fuerzas.
Sentí un ruido, enseguida me paré y trabé la puerta del baño. No quería que nadie me viera asi.
Metí el test en una bolsa y deje todo arriba de la mochila del inodoro. Me mire al espejo y no podía creerlo, no paraba de llorar. Me lavé la cara, la sequé suavemente con una toalla, y sentí que golpeaban la puerta. Puse todas mis fuerzas para que mi voz no delate el llanto, y hablé. Ya salgo. No recibí respuesta.

Quince años y embarazada...¿Que pensará la gente en un tiempo cuando mi panza ya sea notoria? Dirán que soy rapidita tal vez; o quizás algunos me comprendan. No sé.

Suspiré varias veces y salí. No vi a nadie, mejor pensé por dentro. Casi que corrí hasta mi cuarto, para luego encerrarme y volver a llorar.
Se hizo de noche, la hora de la cena. Mi papá todavía no había llegado, mi hermano fritaba las milanesas y condimentaba la ensalada. Yo lloraba en mi cuarto.

Nacho, mi hermano. Cuatro años mayor que yo. Mi único hermano. Nos llevamos tan bien, nos amamos tanto. Muy pocas veces peleamos; y pensar que se va a enojar cuando se entere de mi embarazado me hace mal, muy mal. E incluso seguramente van a dejar de existir esas charlas de los domingos por la noche cuando papá viaja. Quiero que él, más que cualquiera, esté conmigo en este momento. Pero no sé si eso va a pasar... la cagada me la mande yo, y me tengo que bancar la que venga. Y así lo voy a hacer.

No cené. Dormí hasta las seis AM del día siguiente. Colegio; difícil prestar atención en una situación como la mía.
Una hora más tarde me encontraba entrando al establecimiento... sola. Sola como en los últimos meses, sin una amiga que pueda contenerme y darme palabras de aliento. Y todo por salir con el drogadicto.
La mañana pasó lentamente. Me pusieron un uno, me entregaron un trabajo práctico que por suerte estaba aprobado... entre otras cosas. Nada importante.
Caminé hasta mi casa, pensando en que excusa meterle a mi hermano y mi viejo para no comer. Algunas lagrimas cayeron en el camino, o unas cuantas mejor dicho.
Asi como pasó la mañana, tambien pasó el día, los días. La semana. La cual fue todo igual, rutina. Colegio, cama, comer alguna que otra cosa para dejar conforme a mi pequeña familia, cama, baño, cama, llanto, llanto, cama y llanto.

- ¿No pensas decirme que te pasa? - preguntó mi hermano cuando me vió entrar a mi casa con los ojos llorosos.
- Ya te dije que no me pasa nada...
- ¿Y entonces por qué vivis llorando, casi ni comes, no sonreís, vivis durmiendo? Eh, ¿por qué? - casi desesperado.
- Cosas que me pasan, no te interesa. - le contesté de mala manera.
- ¡No soy idiota Mariana!
- Si lo sos, te digo que no me pasa nada ¿no entendés?
- Okey, ¿no me querés decir? no me digas. Después no vengas a joderme... Chau.
- ¿A dónde vas? - pregunté sin disimular mi preocupación.
- ¿Te importa?

No le contesté, decidi dar por terminada la discusión. Nacho salió de casa y yo, llorando como la mayor parte del día, me dirigí a mi cuarto. Decidida le mande un mensaje a aquel hombre que me dejo embarazada. Tenía que decirselo de una vez por todas.

"Dónde estás? tengo que hablar con vos..."

Después de un largo rato recibí respuesta.

"Ahora no puedo. Más tarde hablamos!"

Claro, primero las drogas. Pensé con cierta ironía.

"Es importante, hablamos y te dejo de joder. Para siempre si es lo que queres."

"A las tres en mi depto."

"Gracias, nos vemos a esa hora"

¿Gracias? ¿Por qué? ¿Por dejarme embarazada?

Me dí una ducha rápida, al rato ya estaba lista... nerviosa, muy nerviosa. Lo único que se cruzaba por mi mente eran preguntas.
Tres menos cuarto marcaba el reloj de pared. Me levanté del sillón en que estaba sentada, con más nervios que antes, y me dirigi a la puerta pensando en como decirselo.
Caminé pensativa, nerviosa, con ganas de llorar, pero aguantandome de no hacerlo.
Me encontraba parada frente al gran edificio, un escalofríos recorrió mi cuerpo. El mismo que cuando dejé en sus manos mi virginidad. Le dí todo, y él nada. O si, si me dio. Si hablamos de felicidad, hasta hace un tiempo si. Pero ya no. Solo me dió gritos, insultos, golpes. Pero yo siempre tuve la culpa de todo. Amor, claro.

- Hola... - dije nerviosa despues de que me abra la puerta. Enseguida note su estado. Drogas.
- Hola, pasa. - él cerró la puerta y yo me tire a darle un beso en la mejilla, pero claro, el fue más rápido y besó mi boca. Y yo como una tarada no hice absolutamente nada, bah, si hice. Seguirle el beso como la mejor. Olvidandome de la noticia que iba a darle.
- Eh, tengo que decirte algo importante. Después de escuchar lo que te voy a decir, hace lo que quieras. Borrate, o no sé. - lo dije con la misma tristeza que cargaba antes.
- Mm, despues. Ahora...

Y me volvió a besar... jamás pude resistirme a él. Siempre dejé que me maneje como quisiera, que me haga lo que quiera. Y es así como llegó a los golpes.
Sus manos lentamente fueron levantando mi remera y acariciando suavemente mi espalda. Con su boca buscó mi cuello y yo caí redonda prácticamente. No había algo que ame más que los besos que me daba solo él en el cuello.
Despues de apenas unos segundos, tomé coraje y me separé.

- En serio Pitt, es importante.
- ¿Más importante que lo que estabamos por hacer? - preguntó, y casi sin darme bola buscó mis labios otra vez, pero yo lo esquivé.
- ¡Para Pedro! - le dije enojada, y él me miro mal.
- ¿Qué querés?
- Hablar. - hubo un silencio que duró varios segundos.
- ¿Qué esperas? Dale... no tengo todo el día para vos. - y me dió miedo la forma en que me lo dijo.
- No sé como te lo vas a tomar, solo vengo a cumplir con mi parte que es decirtelo, vos hacé lo que quieras después. - se lo dije pausada y cargada de nervios y tristeza a la vez por imaginarme lo que vendría despues de darle la noticia. - Est... estoy embarazada.
- ¿Te crees que estoy para jodas?
- No es una joda Pitt.
- Me dejaste caliente para hacerme una joda, que bien... ¿Te creías que con eso ibas a lograr que me quede solo con vos y que vuelva la felicidad de antes o qué? te equivocaste pendeja eh.

Me agarró brutamente del brazo pegandome a él y besandome. Quise salir de sus brazos pero no pude debido a la fuerza con la que me tenía agarrada, me estaba lastimando.
Una de sus manos bajo a mi cola acariciandola bruscamente, mis lagrimas comenzaron a caer lentamente.

- No llores, quedate tranquila que no te voy a hacer nada... trata de no mentirme más ¿si?

Volvió a besarme, pero esta vez sus besos fueron bajando a mi cuello y luego a mi escote. Sacó mi remera, por no decir que la arrancó, y comenzó a besarme el pecho. No tardó ni un minuto que dirigió sus manos al broche de mi corpiño. Saqué fuerzas de todos lados y logré empujarlo.

- ¿Sos idiota? ¿Cómo mierda crees que puedo mentirte con algo asi? ¡Tan loca no estoy! - llorando se lo grité en la cara. - Estoy embarazada, ¿no lo entendes? em ba ra za da.
- Mio no es.
- ¡Sos una mierda, y yo una estúpida por haberme metido con vos. Si no te queres hacer cargo, no lo hagas. No te obligo, vos seguí con tus drogas que así te va a ir, vas a terminar muerto a los veinte años, muerto! - no paraban de caer lagrimas y lagrimas de mis ojos. Lagrimas de dolor, de furia, de bronca. - Yo ya cumplí... - ya más calmada. - Te dije lo que te tenía que decir, hace lo que quieras... si te queres borrar, borrate. Pero a mi no me jodas nunca más. Abrime que me voy.
- No.
- ¿No, qué? Abrime.

Pude notar sus ojos llorosos, dicen que la verdad duele.
Logré que me abra y sin ni una palabra más me fui de ahí. Paré en una plaza y me senté en un árbol a llorar. Recordando todo lo que viví con él, esos tiempos donde eramos la pareja perfecta para cualquiera; pero todo eso desapareció después de aquel viaje de egresados cuando él empezó a tener otra junta, que de a poco lo hizo meterse en cosas horribles, la droga por ejemplo. Pero más allá de todo eso, yo siempre lo banque.

Dos semanas habían pasado desde aquella tarde donde lloré tanto. Ese mismo día no aguanté más y hablé con mi hermano y mi papá, terminé a los gritos con ellos y un portazo de mi parte dió por terminada la discusión. No había vuelto a hablar desde aquel día, no mantuve conversación con nadie. Solo con mi bebé.
Estaba en mi habitación parada frente a mi gran espejo peinandome recién bañada, solo iba a mi casa a dormir y bañarme. Prácticamente vivía en la calle. En una hora tenía turno con un médico, chequeo para ver si todo iba bien. Estaba contenta, no sabía el por qué, mi vida era una mierda, me iba mal en todo pero igual estaba contenta. Tal vez era lo que llevaba en mi vientre que me hacía sentir bien.
Sentí el timbre, me pareció algo raro ya que era sabado por la mañana y ni mi papá, ni Nacho se encontraban en la casa. Bajé a atender y me llevé una sorpresa. Peter. Que distinto se veía cuando no llevaba drogas en su cuerpo, que lindo se veía.

- ¿Qué haces acá?

Enseguida sentí sus brazos rodeando mi cuerpo de una manera dulce y sincera. Me quede estática, no moví ni un solo músculo, no entendía el por qué de aquel abrazo. Me quede muy sorprendida.

- Perdoname. Perdón. Soy una mierda, por favor perdoname. Te prometo que voy a estar con vos en esta y en todas, - verlo llorar a él provoco que yo llorara tambien. - te lo prometo. Quiero que vos tambien estes conmigo, ayudame a volver a ser el de antes. No me olvido todo lo lindo que vivimos, te amo como siempre... ¡Decime algo por favor!
- ¿Qué queres que te diga? Despues de todo esto que me decis pasa lo mismo de siempre, volves a las drogas, no me das bola. Te terminas cagando en todo.
- Te juro que esta vez va en serio... Voy a hacerlo por vos y por ese bebé que está en camino. Perdón por todo. Te amo. Quiero que todo vuelva a ser como antes, ser esa pareja perfecta como todos decían, quiero yo volver a ser el de antes. Te necesito, perdón por todo lo que te hice sufrir este tiempo, perdón por darme cuenta recién ahora de todo, sos lo mejor que me paso en la vida Lali... estoy tan arrepentido de todo. Te prometo poner todas mis ganas y fuerzas para salir de toda la mierda en donde me meti. Quiero formar una familia con vos, quiero hacerme cargo de ese bebé. No puedo creer que con tan solo quince años me llenes de felicidad. Sé que somos chicos para todo esto, pero juntos vamos a poder. Vamos a luchar juntos, por favor... te amo. - y las últimas dos palabras las dijo en un susurró que pude oír. Yo no hacía nada más que escucharlo y llorar. Me lancé sobre su cuerpo abrazandolo por la cintura fuertemente.
- Confío en vos, por favor no me decepciones esta vez. Sabes que por vos doy todo, te amo.

Y nos besamos, un beso con amor, lleno de amor. Ese amor que jamás se fué pero que estaba escondido. Ese mismo amor de siempre.

Luchar, luchar y luchar; no bajar los brazos. Esa es la cuestión.