Adicción: pasión o gran afición por algo.
Abril, 2012.
Viernes por la noche.
Subiste a tu auto, ese que te regalaron tus viejos hace poco más de dos años para tus dieciocho, y encendiste el motor... picada, un par de cervezas... se aproximaba una noche
tranqui con tus amigos, o eso creías.
Semáforo rojo, frenaste. Amarillo, pusiste primera. Verde, arrancaste. Hiciste tres cuadras, y no llegaste a ver bien... clavaste los frenos asustado. Observaste y pudiste distinguir aquella figura; era una chica. Lloraba desesperadamente y pedía ayuda... dudaste en bajar. Tal vez era una trampa, o tal vez luego te arrepentirías si no lo harías... bajaste. Te acercaste a ella y tu cuerpo tembló. Pudiste notar sangre en su rostro, pudiste notar como un mar de lágrimas caían de esos ojos tan... tan... no supiste describirlos, algo raro había en ellos. Se tornaban rojos e hinchados. Sus ojeras te llamaron mucho la atención. Ella te sacó de tus pensamientos... se acercó desesperadamente y admitís que eso te asustó, pero la mirabas y algo te decía que te quedes ahí, con ella.
- Por... por favor, a... ayudame, por favor... - te susurró desesperada, y sus lágrimas caían cada vez con más rapidez. La notaste perdida, su mirada se encontraba vacía.- no me dejes sola, por favor.
- Que.. que pasa... ¿qué te pasó? - tu voz temblaba sin disimulo.
- Po... por favor... va... vamos... llevame con vo... vos... necesito salir de a... acá ya...
Amagaste a irte y dejarla allí sola, pero no veías maldad en aquella persona, tu cuerpo no paraba de temblar, tenías miedo, no sabías que hacer con ella. Te detuviste dos segundos a mirarla, supiste que llevaba droga en su cuerpo. Y crees que eso fue lo que te motivó a tomarla del brazo y subirla al auto. Tu hermano había pasado por eso, y ya no tolerabas esas malditas drogas.
Y sin darte cuenta se encontraban ambos dentro de tu auto viajando sin destino. Ella no paraba de agradecerte... vos te mantenías en silencio, con tu vista clavada al frente. La miraste y un escalofríos recorrió tu cuerpo...
- ¿A donde querés que te lleve?
- No... no sé... no tengo a donde ir... - su llanto no cesó en ningún momento.
- Primero te voy a llevar al hospital, te tienen que ver eso...
- No, no, no... por favor, no me lleves al hospital... - miles de dudas rondaban en tu cabeza, no entendías qué tan loco estabas para llegar al punto de subir a una desconocida a tu auto.
- ¿Por qué?
- Mi tía trabaja ahí... la hermana de mi papá... él fue el que me pegó. Y si me ve ahí lo va a llamar... - la miraste apenado, sus lágrimas causaban dolor en vos... odiabas ver a la gente mal.
- Por... ¿por qué te pegó? - estacionaste el auto a un costado, y cerraste los ojos por un momento.
- Sie... siempre que me... me...
- Te drogás... - concluiste.
- Si, - bajo la mirada y secó sus lágrimas.- siempre que voy a mi casa en este estado me... me pega. Pero hoy no sé que le pasó, hoy estaba sacado, por un momento creí que me mataba... él... él no entiende mi adicción... ojalá pudiera dejar toda esta mierda... nadie me entiende... bah, no tengo ni quién lo haga... mi viejo siempre fue golpeador, a mi mamá siempre le pegó, aunque a mi jamás me tocaba un pelo, hasta que bueno... mi mamá falleció, hace tres años, cuando yo tenía dieciséis y... y empecé a drogarme, y, y... y cuando me descubría drogada... me pegaba.
Tratabas de analizar cada frase, cada palabra... jamás habías tenido en frente a una persona con semejante vida, tu hermano se había metido en las drogas, si, pero lo hizo consiente. No entendías como podía contarte su historia habiéndote conocido recientemente. Tal vez necesitaba eso, descargarse con una persona, que por lo visto no tenía.
Suspiraste y hablaste.
- Te va a parecer raro lo que te voy a decir, y más habiéndonos conocido recién. Yo... yo me propongo ayudarte...
Y te viste en la obligación de atender al llamado de tu amigo, claro, entre tanta cosa te habías olvidado de que ellos te estaban esperando.
- ¡Agus! No, no puedo ir, perdoname. No, no, tranqui, después te explico... dale, nos vemos mañana goma, chau... - cortaste la llamada, y ahora fue ella quién te interrumpió...
- ¡Ay! No... no... perdoname, anda a donde tengas que ir, en serio. No te preocupes por mi, dejame acá, perdoname... y muchísimas gracias, ya hiciste mucho por mí. - a medida que te hablaba, lloraba con más frecuencia. No sabías si era un efecto de la droga, o lloraba porque se sentía culpable de haberte sacado el tiempo... no entendías, estabas como en una nube.
- Ya está, ya le dije a mi amigo que no iba, no te preocupes, vos te quedas acá... te estaba diciendo algo yo...
- Pero te digo en serio, ¡andá si querés! no quieras ocuparte de mi por lastima... - ese comentario te molestó, pero decidiste hacer oídos sordos.
- ¡Basta! Yo te voy a ayudar a salir de todo esto, - pudiste ver como sus ojos tomaron brillo.- solo falta que vos aceptes mi ayuda y que te pongas las pilas... yo te entiendo, entiendo tu situación, mi hermano pasó por esto y fue como si yo también lo hubiese pasado... no tolero ver como la gente se va matando de a poco por esas estúpidas drogas... no lo tolero. Y por eso te quiero ayudar, siempre y cuando vos te propongas salir de esta...
Una sonrisa se dibujó en el rostro de ella, ¡y qué sonrisa!, esta vez lloraba lágrimas de alegría, seguramente porque nadie se habría preocupado por ella como lo hiciste vos... le caíste del cielo, fuiste una bendición para ella.
- Yo... no sé como agradecerte todo esto, por un lado pienso que estás loco, nos acabamos de conocer y ya me estas ofreciendo tu mano... y por otro no sé de que manera darte las gracias, en solo minutos me di cuenta la clase de persona que sos... - tu corazón aceleró sus latidos...
increíble la lucidez con la que habla con, anda a saber cuanta, droga encima; pensaste.
- Con que salgas de toda esta mierda me basta...
- Gracias.
- Peter, un gusto. - y le sonreíste por primera vez.
Junio, 2012.
Te despertó tu celular aquel sábado de junio, cuando viste que era un mensaje de
Movistar te dieron ganas de rajarlo contra la pared. Después de diez minutos de fiaca te dirigiste al baño, te vestiste y caminaste hacia la segunda y última habitación de tu departamento, te encontraste con la nada misma, solo una cama destendida y alguna que otra prenda tirada y continuaste tu caminata hacia la cocina...
- Buen día - dijo con esa sonrisa que la caracterizaba y su cigarrillo en mano, era lo único que la calmaba aunque sea un quince por ciento.
- Buenas... - besaste su mejilla y te sentaste.
- ¡Que cara esta la cebolla!
- No rompas las pelotas, La.
Digamos que los dos meses de convivencia armaron un lazo de confianza entre ustedes... ¡claro! me olvide de contar... una semana después de esa charla en tu auto, Lali, así es como le dicen todos aunque vos preferís llamarla
La, se fue a vivir con vos a tu departamento. Vos se lo ofreciste, ya que ella no tenía a donde ir y su padre no pensaba darle un peso, y después de dudar aceptó.
- Lali, vení a vivir a mi departamento... hay lugar para los dos.
- ¡No Peter! ¿Estás loco? no, no, de ninguna manera voy... ¡no tengo ni plata para pagar un caramelo! vuelvo a mi casa, y listo, me bancaré al mierda de mi viejo...
- Estuve hablando con Agustín... y no sé, si vos querés, él te da laburo. Tiene un kiosco en un colegio, podes ayudarlo a él ahí.
- Ay Peter... no sé, es tan raro todo esto, desde que murió mi mamá nunca nadie se preocupó tanto por mi como lo estas haciendo vos. Ni siquiera mi papá. No sé como agradecerte... yo... yo estoy poniendo todo lo mejor de mi para salir de esta, pasaron cuatro días en los que no toque una droga, vos no sabes lo que eso significa para mi, y todo gracias a vos... pienso seguir luchando, y si en algún momento me caigo, no va a causar un "tiro todo al carajo sin importarme nada", yo voy a salir adelante, teniendo mis tropezones, pero voy a seguir... vos no sabes lo feliz que me pone que haya logrado pasar cuatro días sin ver una droga, no te voy a negar que me falta algo, que las necesito, pero estoy haciendo todo y dando todo, solo por mi. Gracias, en serio, gracias.
Y no hiciste más nada que abrazarla, te provocaba tantas cosas juntas ésta mujer...
- ¿Qué comemos? son las doce y veinte por si no te enteraste...
- Tranqui, algo vamos a encontrar... - dijiste buscando en las alacenas.
- Fijate que creo que hay para hacer panchos.
- A ver... mmm, acá.
Cocinaron las salchichas, se prepararon los panchos y comieron. Mariana se quedó ordenando la cocina y vos te sentaste en el sillón a mirar un poco de televisión. A los diez minutos la tenías a ella sentada a tu lado. Se engancharon con una película, vos hacías algún que otro comentario, ella solo asentía. La notabas rara, no para de mover sus manos y hacer sonar los huesos de sus dedos. Te detuviste unos segundos a observarla hasta que ella se dio cuenta...
- Ne... neces... ¿podemos salir a dar una vuelta? - enseguida entendiste lo que le estaba ocurriendo. Su cuerpo pedía drogas. Y la única manera de calmar el deseo era saliendo a tomar un poco de aire.
- Si, vamos.
Te dirigiste hacia la ventana para ver como estaba el día, llovía.
- Está lloviendo, La.
- Bu... bueno, - estaba nerviosa. - no... no pasa nada.- y volvió su vista a la pantalla.
- ¿Segura?
Ella solo asintió y se concentró, o trato de hacerlo, en la película. Diez minutos después sus lágrimas comenzaron a caer, lentamente. La tomaste de la mano y sentiste como ella la apretó con fuerza.
- No pasa nada, vos podes...
- N... no, no puedo... ne... necesito... no sé que hacer...
- Vos podes controlarte, si que podes, proponetelo. - viste como cerró sus ojos y comenzó a inhalar y exhalar profundamente, tratando de encontrar la calma.- Tranquilizate, sabemos que esto es normal. - la abrazaste por los hombros haciendo que apoye su cabeza en tu pecho.
- Te... tengo miedo Peter... tengo miedo de caerme y no levantarme... tengo miedo de fallarte y fallarme... a veces no me siento capaz de lograr salir, cuando me agarran estas recaídas siento que voy a morir... no me dejes sola, por favor... - te pidió llorando.- te quiero Peter.
- No te voy a dejar sola... y yo también te quiero.
Besaste su cabeza y ella te miró.
Supiste que dudó en hacerlo, pero te besó.
Sus labios iban a la par, coordinando sin esfuerzo. Era un beso perfecto.
Unos minutos después se fueron separando con pequeños besos. Ibas a hablar pero ella no te dejo...
- Sh, no digas nada. Fue solo un impulso que tuve, no fue nada, en serio. - y te sonrió con esa sonrisa que solo ella puede dar, llena de luz y alegría.
Pero el tema era que para vos si había sido algo, no sabías bien qué, pero te había causado algo hermoso. Nunca nadie te había besado de la manera que lo hizo ella.
Agosto, 2012.
Con Lali no había pasado más nada después del beso, solo una hermosa amistad. Ambos sabían que entre ustedes pasaba algo, pero no eran capaces de admitirlo.
Como todo viernes te juntabas con tus amigos, ella se juntaría con tu/su vecina en tu departamento. Se habían hecho muy amigas y te alegrabas por eso, Eliana -vecina- y vos eran las dos únicas personas con las que Mariana contaba. Conocía a tus amigos y amigas, pero eran solo eso, conocidos.
Saliste de la empresa donde trabajabas(y trabajas) -tu viejo era el dueño y por supuesto te dió trabajo ahí-, y te dirigiste al departamento. Llegaste y te encontraste con Mariana de cocinera -ella salía media hora antes que vos de su respectivo trabajo-.
- Hola, hola... - besaste su mejilla.
- ¿Cómo te fue?
- Normal, como siempre. ¿A vos? - agarraste un vaso y te serviste gaseosa.
- También... ah, hoy al final no viene
Eli.
- ¿Por?
- No sé, no le entendí bien, creo que llegó el novio de viaje y se iba a quedar con él.
- Ah, está bien... ¿no querés venir conmigo a lo de Franco? no van a tener problema ellos.
- No
Pit, vos anda tranquilo, en serio.
- ¿Segura?
- Si, gracias. - te sonrió.
Almorzaron tallarines a los cuatro quesos, metieron todo en el lavavajillas, y se acostaron cada uno en su habitación para disfrutar de una linda siesta. Te levantaste a las cuatro y media de la tarde y te bañaste, fuiste a comprar un par de cosas para la noche acompañado por Mariana y se quedaron tomando un helado en una plaza, viendo como los nenes corrían y se divertían.
A las seis y trenta y ocho de la tarde volvieron al departamento y se dispusieron a ordenarlo, ya que había lindo quilombo. Vos ordenabas y ella lavaba los pisos, así se repartieron las tareas.
Risas, y más risas, cada momento que vivías con ella era alegría; y seguías sin entender como hacía para llevar siempre -o la mayor parte del tiempo- una sonrisa, la vida no estaba muy a su favor.
Nueve de la noche, partiste hacia la casa de Franco. Comieron pizzas, tomaron cerveza, jodieron, y a las tres de la madrugada todos a sus respectivas casas... Llegaste y viste la televisión prendida, te resulto extraño que Lali esté despierta, te acercaste a ella y besaste su mejilla; notaste que clavó su vista abajo, te pareció raro pero no comentaste nada acerca de eso.
- ¿Como la pasaste? - no contestó y tampoco movió su mirada de la mesa ratona.- Lali...
De a poco fue levantando su cabeza y dirigiendo su mirada hacia tu figura, cuando clavó sus ojos en los tuyos te quedaste mudo... no podía ser. Esos ojos que hasta esa misma tarde estaban llenos de alegría y brillo se tornaban rojizos y vidriosos, sus pupilas no podían estar tan dilatadas, su aspecto era horrible, hasta su ropa se veía mal,
no, no puede ser, te repetías una y otra vez en la cabeza. Le pediste una explicación con la mirada, pero ella solo atinó a bajar su vista.
- Lali... no, no, no puede ser... - ella no hablaba y eso te ponía más nervioso, sabías que podía llegar a pasar esto en algún momento, pero te dolía.- ¿Lali?
- Quie... quiero dormir... por favor... - te susurró.- llevame a la cama... me siento mal... quie... quiero dormir... y no despertarme más... - lloraba.- por favor, llevame...
Reaccionaste y te diste cuenta de que parado frente a ella no la ayudabas en nada. Te acercaste y la sostuviste por debajo de las axilas. Supiste que estaba mareada, lo notaste. También notaste que temblaba. Sus manos más que nada.
- Ya... ya... te bañas y te acostas...
- No puedo... no puedo bañarme... estoy mareada.
La condujiste hacia el baño, digamos que un noventa y cinco por ciento de fuerza fue tuya. La sentaste en el inodoro y comenzaste a desvestirla, no la podías dejar sola en ese estado. Ella te miró raro y con desconfianza.
- Quedate tranquila, no te voy a hacer nada La... solo que no te podes bañar sola.
- Perdoname.
No respondiste, ella no te tenía que pedir perdón, no estabas enojado ni nada por el estilo, solo tenías bronca. Venía todo tan bien... era solo eso lo que sentías, bronca.
Continuaste sacandole la remera y el jean... jamás la habías tenido frente a vos en ropa interior. Digamos que lo que te provocaba era algo grande... y digamos que el no estar en abstinencia sexual te ayudo bastante. Bueno, no nos vayamos por las ramas. Como contaba, la desvestiste dejándola solo en ropa interior y la metiste bajo la ducha con la cortina abierta, desgraciadamente(o no tan desgraciadamente) la ibas a tener que bañar vos, -agradeciste a Dios y a todos los santos el que Mariana lleve puesta ropa interior oscura-. Se terminó de bañar(la terminaste de bañar, mejor dicho) y ella sola se secó -también agradeciste a Dios que para ese momento Mariana este un poquitito mejor-. Saliste del baño, sin antes decirle que cualquier cosa grite, y la dejaste vistiéndose. Quince minutos después golpeaste la puerta de la habitación donde dormía Mariana.
- Permiso... - entraste y la encontraste sentada en el piso, con las rodillas pegadas a su torso -ya vestida, aclaremos-, y su cabeza escondida entre ellas. Te acercaste y te sentaste a su lado.- La... - no contestó.- Lali... - no contestó pero lograste que te mire. Sus ojos ya no estaban tan rojos como cuando llegaste, pero sus lágrimas no descendieron en ningún momento.- dale, vamos a la cama...
- Perdón.
- Mañana hablamos tranquilos, dale, tenes que dormir... vamos.
La tomaste de las manos y la ayudaste a que se pare, ella se acostó en la cama y vos besaste su frente.
- Descansa, mañana vamos a hablar... esto es solo un tropezón.
Le dedicaste una leve sonrisa y te retiraste de la habitación para dirigirte a la tuya y descansar en paz.
Te despertaste una menos diez de la tarde, te gustaba(gusta) dormir, si. Hiciste las cosas que todos hacemos cuando nos levantamos de dormir: lavarnos los dientes y la cara, hacer lo primero -muy pocas veces hacemos lo segundo cuando recién nos despertamos-, y por último nos vestimos. Emprendiste camino hacia la cocina y te preparaste una chocolatada con galletitas. Mariana, por lo visto, no se había levantado todavía. Desayunaste(almorzaste, da igual) mirando Casados con hijos y luego limpiaste lo usado.
- Buen día... - lo dijo casi en un murmuro.
Estaba pensativa. Entendías el por qué. Le sonreíste dándole a entender que todo estaba bien. No tenías derecho de enojarte y fue por eso que no lo hiciste. Solo te preocupaba y sentías la necesidad de que te de una explicación, pero repetimos, no por reproche, solo querías saber.
- Hola, ¿cómo amaneciste?
- Bien... creo... - silencio.-
emm, Peter... - la interrogaste con la mirada.- ¿podemos hablar de lo que pasó anoche?
- Si, obvio La... igual no te sientas obligada a contarme que pasó, solo me gustaría saber. Tampoco pienses que estoy enojado porque no lo estoy, solo me gustaría que me cuentes para seguir ayudándote. Y siempre acordate de esta frase
un tropezón no es caída. - sus lágrimas comenzaban a aparecer de a poco.
- Yo... yo... no sé que decirte, perdoname...
- Yo no te tengo que perdonar nada; perdonate vos misma, Lali... - no recibiste respuesta, solo se escuchó su llanto ahogado.- ¿qué te pasó anoche?
- Vi... viste que... que Eli ayer no vino... bue... bueno... tipo once salí a dar una vuelta... necesitaba... - te dedicó una mirada, y entendiste perfectamente lo que necesitaba. Sabías que le costaba decirlo.- estaba muy nerviosa... y... y cuando salí... - su llanto empeoró, vos la tomaste de la mano y la condujiste hacia tu cuerpo, la abrazaste y no la soltaste. Ella necesitaba contención, nada más.- caminé un poco, pero llegando a la plaza... la que fuimos nosotros ayer... y... y me crucé con Rodrigo y Celeste, - quienes le hicieron probar la droga por primera vez y drogarse desde ese momento.- estaban drogándose... y como siempre me invitaron... al principio me resistí, pero... pero después no pude, no me contuve... me cegué... - secaste sus lágrimas con tu pulgar. Te hacías el fuerte, pero tenías un nudo enorme en tu garganta. Y si llorabas vos, no la ibas a ayudar. - no me abandones, por favor...
Lloró y te abrazó fuertemente, solo optó por eso. Pero vos optaste por separarla de tu cuerpo, observarla detenidamente unos segundos, y besarla; besarla como tanto deseabas.
A medida que los segundos pasaban, la velocidad del beso aumentaba. A medida que los minutos pasaban, sus cuerpos pedían más.
Despojándose la ropa, avanzaron hacia tu habitación. Sus respiraciones ya se tornaban agitadas. Sus cuerpos acalorados.
Se hicieron uno... y desde ese día jamás volvieron a ser dos.
Ese sábado quince de agosto floreció el amor entre ustedes. Ese sábado quince de agosto pasó a ser inolvidable en sus vidas.
Mariana. 31 de diciembre, 2038
Hoy, después de tantos años, puedo decir y asegurar que Peter es mi salvador.
No sé, y tampoco quiero saberlo, qué hubiese sido de mi si él no hubiera bajado de su auto aquel viernes de abril.
Mi vida se la debo a él, eso lo tengo claro. Gracias a él, hoy puedo decir que las drogas forman parte de mi pasado y allí quedarán. Gracias a él, pude formar una familia, la que tanto soñé. Gracias a él, vivo y disfruto cada momento al máximo.
Lo amo, y es el hombre que elegí para el resto de mi vida, y el que volvería a elegir una y otra vez.
Hay algo que jamás se lo dije, no sé por qué, tal vez no se dio... él era el único que curaba mi ansiedad, sus besos, sus caricias. Él.
Él es mi adicción de hoy... y por siempre.