El amor va más allá de todo; el amor verdadero nunca muere.
Me levanté pensando en ella como todas las mañanas. Pero no me levante feliz, me levante triste como lo venía haciendo desde hace unos meses... los peores meses de mi vida. Enterarme que la mujer que más amo en el mundo tenía cáncer y demasiado avanzado fue un golpe duro, muy duro.
Verla acostada al lado mio tan débil pero fuerte a la vez me provocaba algo que no sabría definirlo. Yo la observaba detenidamente y me enamoraba todavía más, ella de a poco fue abriendo sus ojos negros tan alegres, pero ahora tan tristes.
- ¡Buen día! ¿Cómo dormiste? - le pregunté con una sonrisa.
- Bien mi amor... me duele un poco el cuerpo, estoy muy cansada. - y trate de que no se me vaya la sonrisa pero se me hizo algo imposible.
- ¿Querés que te traiga el desayuno acá?
- Bueno, gracias.
Le deje un beso en la boca, otro en la frente y ni bien pasé la puerta de la pieza pude sentir como una lagrima salia de mis ojos, se deslizaba suave y lentamente por el costado de mi nariz y la comisura de los labios hasta caer en el piso. No podía verla asi, no le podía pasar justo a ella. Todo una vida por vivir con tan solo veintitrés años. Cada noche rezaba por ella, por que se recupere.
Preparé el desayuno y cuando estaba por llevárselo sentí un llanto proveniente de la habitación de al lado, Luisina se despertó dije por dentro. Le llevé la bandeja a mi amor y fui en busca de mi otro amor, mi nena, mi hija, nuestra hija.
- Hola hermosa. - le dije a aquella bebé de tes blanca y pelo castaño de apenas unos nueve meses mientras la aupaba. - ¿Vamos con mamá? - ella solo sonreía.
Caminé junto a ella hasta la habitación nuestra y la sente al lado de su mamá, arriba del colchón. Yo me fui a prepararle la mamadera.
Cuando volví las encontre igual a cuando me había ido, a diferencia que Mariana había dejado la bandeja en la mesita de luz y se había acostado de espaldas a la puerta mirando a Luli, yo no podía verle la cara a la mayor.
- A ver Lu... ¿Vamos a tomar la mema? - claro que ella jamás me contestaría, apenas se reía.
Me senté en el colchón y la senté a upa mio mientras Lali le sostenía la mamadera. Mientras la más chica se alimentaba nosotros la mirabamos, sonreíamos, e intercambiabamos alguna que otra palabra.
Luli terminó la leche y la lleve a la cocina, la senté en su silla y le prendí el televisor, amaba ver dibujitos. Era increíble como se concentraba siendo tan chiquita. Reía como loca.
Volví a la habitación y cuando me recosté en la cama pude ver como Lali lloraba. Yo me puse peor de lo que ya estaba.
- ¿Qué pasa gorda? - le pregunté mientras tomaba su mano por debajo de las sábanas.
- Nada, lo mismo de siempre. Me pone mal saber que los puedo abandonar en cualquier momento, los amo con todo lo que soy... ¿Sabés? siempre soñé con formar la familia que hoy tengo, y con vos. No sabes lo feo que es saber que quizás mañana ya no me despierte. No sabes lo feo que es saber que me puedo ir dejando a una nena tan chiquita sin mamá... y dejarte a vos solo con ella. - y está demás decir que a esa altura yo lloraba como ninguno. Ella se sentó y siguió hablando. - Yo pongo todas mis fuerzas, mis ganas, mi voluntad. Pero a veces no es suficiente, a veces no puedo. Siento que me voy a morir en cualquier momento...
- No pienses en eso mi amor, por favor. Sos muy joven, tenes mucho por vivir todavía. Disfrutanos, disfrutate vos también.
- Es dificil Peter. Trato de hacerlo todos los días, pero hay veces que no puedo levantarme de la cama del dolor que siento. Y no dolor físico, dolor en el alma es lo que siento, que es el peor de los dolores... - ninguno paraba de llorar. - Y todos los días me preguntó por qué a mi. Por qué. ¡No puedo dejar a Luisina, no puedo! Pude cumplir mi sueño de formar una familia, pero ¿por qué no hasta el final? Te amo, los amo. No quiero morirme ni mañana, ni pasado, ni en un mes, ni en diez años. Quiero llegar a viejita y con vos, quiero seguir agrandando la familia, quiero el día de mañana tener nietos, ¿Por qué a mi Peter? ¿Por qué?
- Nadie lo sabe mi amor, no bajes los brazos jamás. Si pudiste cumplir tu sueño de formar una familia, ¿por qué no vas a poder cumplir el sueño de que sea hasta el final? no pares, que vamos a salir juntos de todo esto. Te amo como a nadie.
Y ninguno pudo seguir hablando, se abalanzó hacia mi llorando aún más y con la respiración entre cortada. Me susurró como pudo un te amo y nos quedamos acostados haciendonos mimos ya calmados los dos.
- ¿No tenes ganas de salir a pasear? - le pregunté mientras acariciaba su cabeza.
- Mmm, si. ¿Y a dónde vamos a ir?
- No sé, ¿A donde queres ir?
- Me da igual, con tal de estar con ustedes voy a donde sea. - me sonrío y claro que yo le devolví la sonrisa.
- Voy a ver que hace Luli, cambiate asi vamos a almorzar a algun lugar.
Deje un beso en su frente y me retiré dejandola sola.
- Hola bebé, te dejamos solita me parece. - ella me estiró los bracitos y yo la agarré a upa. - ¿Vamos a ponernos linda asi vamos a comer los tres juntos a algun lugar? Bueno, mejor esperemos a mamá que ellas sabe que ponerte. - reí al ver la cara de no entender nada de Luli y le deje un besito en su nariz.
La senté en el sillón del living y yo me senté a su lado esperando a Lali. Al ratito salió de la habitación hermosa como siempre, con su pañuelo en la cabeza como usaba desde hacía un tiempo debido a la caída del cabello que provocaban las quimioterapias. Tomó a Lu en sus brazos y despues de dedicarme una sonrisa sincera se retiró, o retiraron, de la sala.
- Listo, ya estamos...
- Ay pero que hermosas, una más linda que la otra. - ella me sonrío y yo bese su boca.
- Te amo, gracias por todo.
- Yo te amo a vos.
Otro beso en su boca y uno en la cabeza de Luisina. Busqué el coche de la última, y caminamos hacia el auto. Al cabo de veinte minutos nos encontrabamos los tres sentados en un restaurante pidiendo la comida.
- Mm, está riquisimo. No sabía de este lugar Pitt.
- Me lo recomendó mi vieja. - reimos y volteamos a mirar a Luli, habló pensé por dentro.
- ¿Qué dijiste gordita? - pero la mas chica no le dio bola y siguió jugando con su comida. - Me muero gordo... ¿Habló o estoy loca? - me preguntó divertida.
- Habló o somos dos los locos.
Reimos y seguimos comiendo al tiempo que no dejabamos de hablarle a Lu para que ella vuelva a repetir esa palabrita que había dicho. Mamá.
La noche llegó, yo me encontraba en la habitación de mi hija haciendola dormir. Lali estaba en nuestro cuarto acostada.
- ¿Se durmió? - me preguntó cuando me vió entrar a la pieza. Yo asentí. - Dale, vení acostate que tengo frío.
- Ya, ya voy.
Me desvestí quedando solo en bóxer como solía dormir siempre, y me acosté junto a la mujer de mi vida.
Esa noche quedamos intensamente dormidos después de haber hecho el amor.
Tres meses después Lali había empeorado bastante, ya casi no tenía pelo, sus ojeras no desaparecían ni un segundo de su rostro, su ánimo era cada vez peor. Pero ella jamás dejaba de luchar, jamás. Yo no se lo permití en ningun momento.
Pero aquella noche no la olvido más. La peor noche de mi vida.
Ella no podía irse con tan solo veintitrés años, no nos podía abandonar. Pero asi lo hizo. Dios lo quiso así y por algo será, dicen.
Ella se había ido... ¿como iba a seguir yo? Creo que decidí no irme con ella solo por Luisina, pensé en ella; me imaginé que sería de su vida sin una mamá y entonces entendí que sin los dos sería peor. Solo por ella seguí.
Hoy, después de tantos años de su muerte, la recuerdo como si la hubiera visto ayer.
Todas las noches la lloro, y pienso por qué le tocó a ella. Pienso que sería de nosotros si ella estuviese acá. Sé que de algún lado nos está cuidando... tanto a mi, como a Luisina. Tanto a nosotros dos como a Joaquín y Mariana, nuestros nietos.
Luisina... de chica siempre me pedía que le hable de su mamá, le brillaban los ojos cada vez que lo hacía, aunque actualmente tambien. Dormía abrazada a fotos de Mariana. Admira a su madre sin siquiera acordarse de ella. Por fuera igual a mi, y por dentro tan igual a su mamá. Alegre, siempre sonriendo, disfrutando cada segundo de su vida como también lo hizo ella.
Sé que está orgullosa de la familia que formó su hija. Sé que arriba me está esperando para cuando me toque partir a mi. La amé, la amo, y siempre lo haré.
No estás físicamente acá conmigo, pero sé que pronto nos volveremos a ver. Te amo, Peter.

muy triste el corto pero quedo muy bien hecho!!
ResponderEliminaren este momento estoy llorando :'(
Te juro que estoy llorando! perder a una persona q se ama tanto por culpa del canse es MUY duro (a mi me paso) pero estuvo muy lindo el corto!
ResponderEliminarespero q sigas escribiendo
un beso
Juli♥
muy triste el corto :( me puse a llorar.
ResponderEliminaryo perdi a mi tio por culpa del canse, y me acorde de el leyendo ese corto.
felicitaciones. esta escrito muy bien.